La venganza se sirve fría (o como mejor convenga)
Por Altair
Con eterno agradecimiento a las Mosqueteras de LJ. Sin ustedes, no habría podido cumplir con mi parte del intercambio.¿Cómo se atrevía? ¿Cómo osaba deshacerse de las pertenencias de sus ancestros, cuando no eran sino los mayores tesoros que había en la Tierra? Por algo su señora, que en Gloria estuviera, lo había odiado tanto. No por sus ideas progresistas, no por su amistad con un Potter, ni por su antinatural relación con un licántropo... Lo había odiado por su nulo respeto hacia su familia, su pasado y su herencia.
Esas ideas rondaban la cabeza de Kreacher mientras escondía los últimos objetos que había rescatado. Un encendedor de plata, una caja con cartas y un par de pantalones. Si la vida fuera justa, su cabeza ya decoraría el pasillo junto a la de su propia madre en lugar de atestiguar esa salvaje profanación.
Tarde o temprano aquel mal hijo recibiría su merecido castigo. Y si estaba en él acercárselo, lo haría con mucho gusto.
En eso, escuchó pasos que se acercaban y se escondió debajo del fregadero. Por una rendija, vio quiénes eran: la sangre sucia y uno de los traidores. No tendría más remedio que escuchar su absurda plática antes de que pudiera escabullirse hacia el ático.
— Estoy muerta —dijo Hermione, sentándose a la mesa.— Huí de las sesiones de limpieza de mamá para caer aquí.
— Podrías ayudarla con magia —dijo Ron, sirviéndole un poco de jugo. Ante la estricta mirada de la joven, añadió.— Claro, cuando podamos practicarla fuera de Hogwarts.
Hermione suspiró.
— ¿Sabes? —comentó Ron. —No sabía que Sirius era tío de Malfoy. Da miedo.
— Tú también eres pariente de Sirius.
— Todas las familias de sangre pura estamos relacionadas, sólo que mamá no quería recordarnos que teníamos un pariente asesino. Aun así, prefiero eso a tener a Malfoy como sobrino. Qué horror.
Hermione frunció el ceño.
— Malfoy debería pasar una temporada con Sirius. Le sacaría de la cabeza todas sus ridículas ideas sobre limpieza de sangre.
— O al menos le daría varias palmadas merecidas —respondió Ron, sonriendo ante la idea.
— ¿Te lo imaginas en plan de amante tío?
Kreacher no necesitó escuchar el resto de la conversación. La venganza había llegado. O al menos, una idea divertida.
— Vas a romperlo.
— Cállate y déjame pensar.
Perfecto. Ahí estaban los gemelos ruidosos. Y chismosos. Pasó junto a ellos, hablando para sí mismo, mientras debatían sobre si romper o no un sello mágico que su hermana había puesto en su diario nuevo.
— Condenados traidores a su sangre, ves uno y los conoces a todos —gruñó mientras pasaba junto a ellos.
— Oye, Kreacher, dame un vaso con agua —dijo uno, no sabía si Fred o George.
— No te hará caso —dijo el otro, George o Fred.—No obedece más que a Sirius y eso porque no le queda de otra.
Kreacher alzó la vista.
— Lo obedezco porque tiene la sangre de mi Ama, aunque no hizo nada para merecerla.
— Kreacher, ya hizo algo. Nació en esta aberrante familia, y si eso no cuenta como sacrificio...
— Al menos mantendrá su sangre pura si sus planes salen como espera —dijo Kreacher, sonriendo malignamente y disponiéndose a marcharse.
Uno, dos...
— ¿Sangre pura? ¿Al fin va a casarse?
— Pero, ¿no decían que...?
— Ha decidido orientar sus... preferencias... —interrumpió Kreacher, sin ganas de hablar sobre las perversiones del último de los Black —hacia alguien de su categoría.
— ¿Alguien que conozcamos?
— Posiblemente.
— Pero si es de sangre limpia, —dijo uno de los gemelos, quién sabe cuál— tiene que ser familiar suyo. ¿Es Tonks?
— No, pero su relación es idéntica. Quiere ser un tío muy amante.
Kreacher se retiró, dejando a los gemelos con expresión sorprendida; era obvio que repasaban el tapiz que tenía el árbol familiar de los Black. Cuando llegó a la puerta, alcanzó a escuchar que decían:
— ¿Malfoy?
Fred y George cuchichearon por varios días, pero no hablaron con nadie sobre lo que Kreacher había insinuado.
Claro que no aguantaron mucho.
— Ginny, Ginny, —dijo George, alcanzándola justo antes de que se fuera a dormir una noche poco antes de que regresaran a Hogwarts.— ¿Podemos hablar contigo?
Ginny, ya en su pijama, los miró con ojos somnolientos.
— No tardarán, ¿verdad?
— Sólo queremos hacerte una pregunta.
— Los escucho.
Los gemelos intercambiaron una mirada.
— Ginny, —preguntó Fred— este verano tú has hablado más con Harry que nosotros. ¿Te ha comentado algo sobre Sirius?
— Sí, que es su padrino y que conocerlo es lo mejor que le ha podido pasar.
— No, otra cosa. Como, ¿quién le gusta?
Ginny los miró con sospecha.
— ¿Y a ustedes qué les importa?
— Anda, Gin...
— Bueno, Harry no me ha comentado nada, pero creo que él y el profesor Lupin...
— Eso ya lo sabemos —interrumpió Fred.— ¿Sabes si está enamorado de Draco Malfoy?
Ginny se les quedó viendo con la boca abierta.
— ¿De dónde sacaron eso? ¡Es su tío!
— Nos dijeron que quiere ser su amante.
— ¡Están completamente locos! ¡Mejor revisen sus Orejas Extendibles, que es obvio que ya no funcionan!
Y dicho esto les cerró la puerta en la cara.
Fred y George ya no vieron la expresión de sorpresa con la que Ginny se fue a dormir. Había visto a Sirius muy cercano al profesor Lupin, sobre todo cuando creían que estaban solos
Pero Malfoy, er... era más atractivo.
— Luna, tú sabes todo de todos.
Ante sus palabras, Luna Lovegood bajó su revista y la miró con sus enormes ojos. Gracias al viaje que habían compartido en el Expreso de Hogwarts, se habían vuelto más cercanas.
— Yo no lo sé todo —repuso dignamente.— Quien lo sabe es mi padre.
— Pero siendo hija de un periodista, debes saber cómo obtener información.
Luna se encogió de hombros y regresó a su revista.
— Son cuestiones que se llevan en la sangre. Y si no, las desarrollas —dijo con sencillez y, como en confidencia, añadió.— Ya sé lo que habrá para cenar.
Ginny no quiso confesar que ella también lo sabía: los elfos domésticos siempre preparaban pastel de carne los martes.
— ¿Y qué sabes sobre Sirius Black? —le preguntó Ginny en igual tono.
Luna no respondió de inmediato, como si meditara.
— Dicen que mató a doce muggles y a un mago hace varios años, y que escapó. Pero papá cree que es víctima de una conspiración, seguramente por haber revelado algo referente a la existencia de los snorkacks de cuernos arrugados.
— ¿Y sabes si tiene afición por personas más jóvenes que él?
— ¿Por ejemplo?
— Como... —y bajando aún más la voz, dijo— Draco Malfoy.
— Draco Malfoy parece una rata, pero puede resultarte atractivo siempre que te gusten pálidos y puntiagudos. ¿Te gustan pálidos y puntiagudos?
— No hablo de mí, sino sobre si crees que él y Sirius Black...
— Black tiene el cabello negro, ¿no?
— Eso dicen.
— El negro combina con el rubio, ¿no? Como el pelo de dos perros. ¿Sabes que me encantan los perros?
Ginny comprendió que Luna no tenía la menor idea sobre lo que le había preguntado. Tal vez era lo mejor, que al fin y al cabo, era un asunto privado de Sirius.
De repente, el asunto privado se volvió muy público.
Cuando Hermione entró a su habitación un par de tardes después, encontró a Parvati y a Lavender riendo, como si se hubieran enterado de algo muy gracioso.
— ¿Y ahora? —les preguntó. Aunque pasaba todo su tiempo con Ron y con Harry, apreciaba mucho a sus compañeras y el sentimiento era mutuo siempre que no la Adivinación no entrara en la plática.— ¿Pasó algo de lo que no me he enterado?
Lavender volteó a verla.
— ¿No sabes la última? Draco Malfoy tiene un enamorado.
Contra su voluntad, Hermione torció la boca. Malfoy era el tipo de persona cuya mención echaba a perder hasta las ocasiones más felices.
— ¿Y quién tiene el pésimo gusto? —preguntó mientras dejaba sus libros sobre su cama.
— Dicen que ha desafiado todo con tal de conquistarlo. Hasta escapar de Azkaban.
Nadie había escapado de Azkaban últimamente, recordó Hermione. De hecho, nadie después de...
— ¿No estarán hablando de...?
— Sí, —dijo Parvati.— De Sirius Black. Está enamorado de Draco, y dicen que quiere ser su amante y encontrar juntos la felicidad que se le ha escapado toda su vida. Esa es la verdadera razón por la que escapó de Azkaban.
— Es absurdo —descalificó Hermione de inmediato.— No es posible...
Y entonces, comprendió que, fuera o no cierto, había alguien que no debía enterarse. Si Harry...
El grito que se escuchó en la Sala Común fue la mejor señal de que ya era muy tarde.
Las tardes en Grimmauld Place eran silenciosas, incluso cuando estaban los dos solos. La Orden se había separado en diferentes encomiendas y él todavía no recibía la siguiente misión que lo sacaría de la casa.
Pero en ese instante, la misión era lo que menos le importaba. Fruncía el ceño, una carta arrugada entre sus manos.
En eso, entró la persona sobre quien Hermione le escribía. Sirius se le acercó, colocándose detrás del respaldo de su silla.
— Moony, ¿verdad que no volverás a marcharte? —le dijo al oído, colocando sus manos sobre sus hombros.— ¿O que dejarás que vaya contigo?
Remus no respondió, ni siquiera cuando Sirius lo besó en la oreja.
— ¿No te convendría que me fuera? —le preguntó con frialdad.
Sirius dio un respingo.
— ¿Convenirme? Estoy solo dentro de esta infernal casa, ¿por qué querría quedarme?
— No sé —insistió Remus.— O temo saberlo.
— ¿A qué te refieres?
— ¿Recuerdas que, cuando entramos a Hogwarts, te gustaba Lucius Malfoy?
Sirius hizo una mueca de desprecio.
— Todos cometemos errores, Moony —respondió.— Tenía un bonito color de cabello y tenía el encanto de ser mayor que nosotros, pero hasta ahí.
Remus suspiró.
— Es bueno saber que tus gustos no han cambiado.
— ¿A qué te refieres?
Remus le extendió la carta. Mientras la leía, Sirius alcanzó a escuchar.
— Comprendo que quieras un nuevo amante —decía Lupin con firmeza.— No soy el hombre más atractivo del mundo y han pasado muchas cosas entre nosotros que tal vez no hayamos perdonado del todo. Y claro, hubiera preferido enterarme de otro modo. Pero, Sirius, Draco es tu sobrino...
Baste decir que, instantes después, las maldiciones de la Señora Black no fueron las más fuertes que se escucharon dentro de Grimmauld Place.
Abajo del fregadero, Kreacher sonrió y fingió estar dormido.
Al igual que todos los rumores, el supuesto enamoramiento de Sirius Black hacia Draco Malfoy se repitió varias veces, cada vez con más detalles (como que compartían una afición por la crema batida). Y, por supuesto, fue olvidado cuando surgió el siguiente rumor, relativo al fetiche de la profesora Umbridge hacia los gatos con listones.
Durante ese tiempo, Harry Potter estuvo de muy mal humor, sin ganas de hablar con nadie. Pero como había estado de mal humor desde el verano, nadie lo notó ni le prestó mayor importancia.
Sirius rastreó la fuente del rumor, pero no pudo encontrarla. Remus, avergonzado por su escena de celos, presintió que todo se debía al exceso de Weasleys dentro de una misma casa y empezó a hacer planes por si, como esperaban, regresaban a Grimauld Place durante la Navidad.
Kreacher se reía solo. Nadie se dio cuenta, porque siempre se reía solo.
Pero lo que ni Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff, exconvicto o licántropo supieron fue la otra parte de la historia.
Dicen que cuando colocas una foto bajo tu almohada, soñarás con la persona retratada en ella.
Draco nunca podría terminar de agradecerle a Crabbe y a Goyle que hubieran recorrido todos los callejones de Hogsmeade hasta encontrar uno de los viejos cartelones de "Se busca" que se habían pegado en ellos un par de años atrás. Porque era cierto. Cuando colocaba una foto bajo su almohada, soñaba con la persona retratada en ella.
Abrazó su perro negro de peluche y tuvo lindos sueños.
finis