Por debajo de la mesa


Por Altair

Este fanfic tiene una dedicatoria muy especial, pero no puedo revelarla sino hasta el final de la trama.


Típica mañana de sábado en Hogwarts, pensaría cualquiera al asomarse al Gran Comedor. Los estudiantes de las diferentes casas del colegio desayunaban con más lentitud que entre semana al no tener clases a las cuales asistir, y la proximidad de las vacaciones de invierno relajaba todavía más el ambiente.
La mesa de Gryffindor no era la excepción. Si bien ya había algunos lugares vacíos, pasaría un rato antes de que el comedor quedara desierto. O al menos eso era verdad con respecto a un grupo de alumnos de séptimo grado. James Potter, capitán del equipo de Quidditch de la casa, estaba sentado frente a Lily Evans, su novia. A su derecha, Sirius Black, su mejor amigo, leía una revista muggle sobre motocicletas. Frente a Sirius se encontraba Remus Lupin, quien ayudaba al quinto integrante del grupo, Peter Pettigrew, con unos apuntes de Pociones.
Lily traía puestos unos coquetos guantes de tela, pero no era por vanidad sino por necesidad. Debido al clima, si no los usaba sufría dolores en los dedos. Madame Pomfrey le había dicho que se debía al modo en que sujetaba su varita mágica, pero no había logrado cambiar su mal hábito aunque lo había intentado. Y dado que era la mejor alumna de su generación en Encantamientos, quizá no se había esforzado lo suficiente.
En eso, se inclinó hacia el frente hasta que quedó poca distancia entre su rostro y el de su novio. Sonrió con suavidad y, en voz baja, dijo:
— Mis padres quieren conocerte.
James la escuchó, pero de momento no supo qué responder. Por fortuna, pareció que Sirius no había alcanzado a oírla, pues su vista permaneció en las fotos de su revista, y Remus no interrumpió la explicación sobre cómo preparar la poción que servía como base para obtener polvos fu.
— ¿Conocerme? —preguntó en voz igualmente baja.
— Dicen que les he hablado mucho sobre ese maravilloso muchacho estrella del Quidditch y tan lleno de virtudes que parecería que es mi novio —confesó Lily con una sonrisa tierna.— Tal vez mamá ya imagina la verdad.
— Er... ¿conocerme?
James sería un Gryffindor, pero todavía era un adolescente, y la perspectiva de enfrentarse a los padres de su novia distaba mucho de parecerle sencilla. Lily frunció el ceño con el gesto ligeramente teatral que usaba cuando estaba bromeando y reprochó:
— ¿Será posible que no quieras conocer a mi familia, James Potter?
— No es eso, Lily... —respondió por fin.— Es sólo que... ¿no es muy pronto? ¿No te parece que eso volvería nuestra relación demasiado seria?
La joven sonrió de nuevo, esta vez con una intención diferente.
— ¿Quieres saber qué tan seria es nuestra relación?


Por lo general, debajo de la mesa sólo se alcanzaban a sentir patadas cuya intensidad dependía en mucho de los eventos que tuvieran lugar sobre ella. Cuando mucho, había tropezones o pisotones ligeros, y cuando mucho se registraba el paso de algún familiar que hubiera salido de la habitación de su dueño. Pero en esa instante sólo sintió una ligera invasión contra su cuerpo. Tela que cubría un pie.
Al inicio, dicho pie comenzó a acariciar su tobillo con el empeine y luego a rodear su pantorrilla con suavidad, subiendo y bajando rítmicamente por ella. Pero arriba de la mesa, la actividad se mantenía igual: James titubeaba, Lily sonreía, Sirius leía, Remus explicaba y Peter tomaba notas.
¿Así que era un reto? ¿Un “a ver quién se rinde primero”?
Trató de mantener el mismo gesto que antes y lo logró. Incluso cuando dicho pie se introdujo por una de las piernas de su pantalón y comenzó a acariciar su piel, aún a través de la tela que lo cubría.


— Muy seria —respondió Lily, enfatizando la palabra “muy”.
James se obligó a sí mismo a conservar la misma actitud despreocupada que hasta ese momento había mostrado, o al menos lo intentó. Tomó una de las manos de Lily y comenzó a acariciarla a través del guante.
— ¿Y si no les agrado? —murmuró, con un visible esfuerzo por mantenerse calmado.
Lily volteó a verlo, sus ojos brillando como esmeraldas aún bajo el débil sol propio de una mañana de invierno.
— A mí me agradas. Eso es lo que importa.


Trató de ignorar la tela que cubría sobre esa piel y concentrarse sólo en ella, por más que no demostrara ante los demás las sensaciones que comenzaban a inundarlo. Sí, en definitiva era un juego. No iba a dejarse ganar. Él no perdía, y menos ante algo tan sutil como una caricia. Vamos, él era un Gryffindor. Él pertenecía al grupo de los héroes. Él era capaz de soportar cualquier tortura.
El problema es que, al menos en el diccionario, los métodos de tortura no incluían a un pie subiendo suavemente por el interior de la pierna de su pantalón. Y cuando el pie intruso no pudo avanzar más, escapó y de inmediato comenzó a ascender por sobre la tela de su pantalón, esta vez sin obstáculos y con un ritmo más veloz, acercándose peligrosamente a...


Sin querer, James se sobresaltó y soltó a Lily de inmediato. A pesar de su sonrisa, la joven se había estremecido.
— ¿Te lastimé? —preguntó, intentando cambiar el tema.
— No, no lo hiciste —respondió Lily, y para demostrarlo, lo volvió a tomar de la mano.— Madame Pomfrey me dijo que esas reacciones eran normales, al menos hasta que la pomada haga efecto en mis dedos.
— No deberías... er... sujetar con...
Ante los titubeos de James, la joven sonrió. Llevaba la ventaja.
— No debería sujetar con tanta fuerza la varita, ¿verdad, cariño? Ya me lo dijiste, ya me lo dijo Madame Pomfrey y ya también me lo dijo el profesor Flitwick. Pero no cambies el tema. ¿Por qué no habrías de agradarle a mis padres?


De momento, pensó que no había nada más inoportuno que sentir cómo el pie intruso lo acariciaba justamente *ahí*. Y *ahí*, la parte más sensible de su cuerpo, no estaba cooperando en nada. Sin querer, había reaccionado al primer contacto, dándole cierta ventaja en el juego. No, no iba a permitir más. Iba a resistir. Iba a ganar
Pero cuando su propio cuerpo empezó a reaccionar como la naturaleza indicaba que debía hacerlo, enviando más sangre precisamente *ahí* y provocando en su cuerpo una sensación muy poco, er... apropiada para alguien que se encuentra en el comedor rodeado por sus mejores amigos, se preguntó si en lugar de ser inoportuno o incómodo o un reto no se trataba en realidad del juego más delicioso del mundo. Tuvo que morderse la lengua para recuperar un poco de terreno, o perdería.


James al fin dejó de morderse la lengua y dijo:
— Quizá pensarán que soy malo y que he pervertido a su hija hechicera.
Esa sonrisa, alcanzó a pensar... La sonrisa por la cual estaba dispuesto a condenarse al infierno estaba en los labios de Lily.
— ¿No crees que su hija hechicera ya era bastante pervertida desde antes? —preguntó con intención juguetona.
En respuesta, James llevó la mano de Lily a sus labios y la besó suavemente a través de la tela a manera de consuelo.
— Entonces, ¿qué dices sobre conocer a mis padres durante las vacaciones?


Si ese pie seguía *ahí*, moviéndose *así*, iba a perder y no solamente el juego. Iba a perder su aparente calma, su autoimagen, el poco o mucho respeto que le tenían los demás, un par de pantalones limpios...
Por más que trató de acallar sus otros sentidos, siguió viendo y escuchando y oliendo. Recordando noches que habían pasado solos y lo que había percibido durante ellas: sus ojos entrecerrados, el olor de su cuerpo, el sabor de sus labios, el calor de su piel. Y cuando escuchó su voz con el tono tan sexy que adquiría cuando formulaba una pregunta, justo al tiempo en que el pie realizaba su maniobra final, supo que había perdido.
Y no le importó.


Se hizo el silencio en la mesa y supo que todos lo estaban viendo. Abrió los ojos. James y Lily, tomados de la mano, y Remus y Peter, que interrumpían la lección por primera vez, lo miraban con expresiones indescriptibles. Y es que la imagen era poco usual.
Sirius Black, su rostro completamente sonrojado, con sudor en la frente y apretando las manos en puños al grado de romper su revista, había dejado escapar un gemido. Y no precisamente de dolor.
Esperó que creyeran que era lo único que había dejado escapar.
Lo primero que rompió el silencio fue la voz de Peter:
— Remus, ¿me repites la pregunta?
Lily se puso de pie de inmediato, sin querer sonrojándose.
— James, ¿podemos seguir discutiendo esto afuera? —preguntó, sin voltear a ver a su compañero.
Potter no tardó ni medio segundo en imitar a su novia y seguirla, sin animarse a mirar hacia atrás.
Peter cerró su libro de Pociones sin detenerse a marcar la página. Miró a Sirius con ojos enormes y sentenció:
— Quién sabe qué estás pensando o haciendo, sucio. Vámonos a la biblioteca.
Remus asintió. Peter, de un salto, se apartó de la mesa mientras Lupin terminaba de reunir sus cosas.
Justo antes de irse, miró a Sirius. Este lo miraba con fingida indignación, pero sin poder evitarlo, sonreía. Remus le devolvió la sonrisa y murmuró:
— Gané.
Y dicho eso, siguió a Peter. Sabía, aún así, que su victoria no duraría mucho.
Sirius exigiría la revancha esa misma noche.


finis



Ahora sí: Dedicado a aquellos rabiosos activistas non-yaoi que dicen que resulta “imposible” que a alguien le agraden tanto el slash como el het. Mis niñas, si no saben, no hablen, pero de todos modos gracias por la inspiración.


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